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El efecto derrame de los buenos hábitos

Lo que una vez fue una decisión pensada pero que con el tiempo se convirtió en algo mecánico es un hábito.

Son comportamientos que se volvieron automáticos y que tienen gran influencia en todos los aspectos de la vida.

Los hábitos que tenemos con nuestro dinero afectan directamente nuestra situación financiera, y consecuentemente nuestro ánimo, nuestra salud, etc. Incluso podrían vincularse a tu rendimiento en el trabajo por ejemplo.

Charles Duigg, autor del libro “El poder de los hábitos” explica la ciencia detrás de la formación de los hábitos y cómo estos nos afectan.

Pero vamos a dejar eso para otro momento y adelantarnos un poco en sus capítulos para enfocarnos en los hábitos buenos. Porque antes de explicarte cómo se forman y cómo podemos cambiarlos, queremos convencerte de porqué es bueno hacerlo cuando tenemos un hábito que de alguna forma no nos está haciendo bien.

Son muy interesantes los estudios que se hicieron sobre el comportamiento para luego volcar esas conclusiones en el libro, y me llamó especialmente la atención el tema de los hábitos y la fuerza de voluntad.

Por ejemplo, un grupo de académicos llevó a cabo un experimento: 29 personas se anotaron para un programa de 4 meses de manejo del dinero. Ellos debían fijarse metas financieras, objetivos, y se les pidió que durante ese período no solo se abstuvieran de gastar en lujos, como salir a comer afuera o ir al cine, sino que también llevaran un control detallado de sus gastos. Claro que a muchos les resultaba fastidioso al principio anotar cada compra que hacían pero eventualmente desarrollaron la disciplina de hacerlo. A lo largo del programa, las finanzas de los participantes mejoraron.

Lo sorprendente fue que también empezaron a adoptar otros comportamientos, como fumar menos, tomar menos alcohol, comer moderadamente y eliminar la comida chatarra, y hasta mejoraron su productividad en el trabajo y los estudios.

La conclusión para los académicos fue que esas personas reforzaron su fuerza de voluntad en un aspecto de sus vidas (sus finanzas) y lograron desbordarla hacia otros, como sus hábitos de alimentación y de salud. Fue lo que conocemos como un “efecto derrame”.

Si lo piensas, no es nada descabellado. Cuando vemos que podemos mejorar en algo, de pronto nos vemos motivados a hacerlo también con otras cosas. ¿No crees?

Entonces, y reafirmando lo que dice el libro, podemos decir que cuando aprendemos a forzarnos a hacer algo (ej: comer una ensalada en lugar de una hamburguesa con papas fritas; poner esas moneditas que sobraron en la alcancía en lugar de gastarlas ya, etc.), estamos cambiando nuestra forma de pensar y aprendemos a regular nuestros impulsos. Pues porque lo que hemos logrado con esfuerzo, no lo queremos perder tan fácilmente!

Cuando lograste entrar en esa rutina de hábitos buenos que forjaste con fuerza de voluntad, te cerebro se vuelve un experto en ayudarte a enfocarte en lograr tu meta.

Así que ya sabes, tu voluntad es lo primero que necesitas. Y todo lo bueno sucede dando pequeños pasos!

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