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Mesadas por buenas notas: ¿es una buena idea?

Algunas personas sostienen que motivar a los niños con incentivos económicos a cambio de un buen rendimiento escolar no ejerce un efecto positivo sobre ellos. Y de hecho hay algunas investigaciones que apoyan la teoría. Esto es lo que nuestros amigos de Agent Piggy, expertos en educación financiera infantil, han descubierto:

Una tendencia desde hace un tiempo es la costumbre de algunos padres de premiar las buenas notas de los hijos con dinero. Esto, que para algunos padres es la recompensa adecuada a un buen trabajo, no es un comportamiento adecuado si queremos infundir en nuestros hijos una buena ética de trabajo y redirige los esfuerzos de los hijos en el colegio a recibir dinero, en vez de aprender.

En este sentido, Janet Bodnar, editora de la revista de finanzas personales Kiplinger, explica algunos de los argumentos en contra de esta práctica:

El primero es que hay que entender que el rol de un niño en una casa es aprender. Muchos papás y mamás cocinan en sus casas, pero no esperan una compensación por eso. Es tan sólo parte de las responsabilidades básicas, relacionados con el rol que ejecutan en las familias.

En segundo lugar, aprender es parte del desarrollo natural del niño. Uno no da dinero porque un niño aprenda a atarse los cordones de los zapatos o por aprender a andar en bicicleta, por lo que aprender a sumar y restar o de geografía, es simplemente parte del desarrollo natura, algo que no debiese ser recompensado monetariamente.

En tercer lugar si es que nosotros comenzamos en alguna etapa temprana de su vida con un estímulo monetario por notas, a medida que pasen los años tendremos que ir subiendo la puntería, con lo cual como padres quedamos desbalanceados.

Y en cuarto lugar, el padre no debiese pagar por la nota, pues no es un servicio que el niño le esté haciendo. Es algo por su propio beneficio.

Pero quizás el argumento más decidor es que se ha demostrado que recompensar con dinero las notas de sus hijos no tiene resultados positivos, puesto que los niños no tienen control sobre las notas que reciben.
En una investigación conducida por Roland Fryer Jr., economista de Harvard y director del Laboratorio de Innovación en Educación de esa misma universidad, se intentó ver que sucedía si a un grupo de más de 18 mil estudiantes de cuatro estados diferentes se les pagaba por diferentes logros.

El estudio, que tuvo un valor de 6,3 millones de dólares, demostró que, aunque entregar dinero a alumnos vulnerables por tareas en las cuales ellos podían controlar su resultado (como ir a clases, hacer la tarea, entre otros) resultó efectivo y mejoró las cifras, no demostró que los alumnos aprendieran mejor. En algunos estados, no mejoraron las notas ni los resultados en pruebas estandarizadas y en otros, mejoraron las notas, pero no los resultados en las pruebas.

Esto quiere decir, que los niños efectivamente tenían mejores notas, pero no aprendían más. De hecho, su foco empezaba a ser “cómo respondo mejor una prueba” a “cómo aprendo mejor una asignatura”.

Así, la mejor forma de recompensar esfuerzos es hacerlo con las tareas extras en la casa, como limpiar el patio o regar el pasto. De esa forma, distanciamos lo que es una responsabilidad básica de un niño y relacionamos una recompensa con el trabajo, ayudando a los niños a conocer el valor del dinero y la recompensa de un trabajo bien hecho.

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